Daenerys Targaryen va al psicólogo: Parte III

Daenerys Targaryen, Madre de Dragones, Rompedora de Cadenas, Heredera al Trono de Hierro.

Parte III: Conclusión del proceso evaluativo y diagnóstico.

Llegados a este punto tengo que reconocer que, en comparación con lo anterior, esta parte es especialmente complicada. Afinar hasta este nivel un posible diagnóstico de un personaje de serie de televisión no es tarea fácil. Tras mucho observar y meditar sobre el comportamiento y las motivaciones del personaje, me debato entre dos posibles opciones: un narcisismo duro con una tendencia sádica especialmente marcada, o bien un Síndrome Narcisista Maligno. Para contextualizar, cuando hablamos del Síndrome Narcisista Maligno nos referimos a una patología severa que se caracteriza por una personalidad narcisista patológica, grave conducta antisocial, una fuerte tendencia paranoide y agresión egosintónica, ya sea contra otros o contra sí mismo. 

Así, para intentar movernos y afinar nuestro diagnóstico, tenemos que avanzar entre los distintos comportamientos de nuestra “paciente”. Nos falta, por supuesto, las propias interpretaciones que la Madre de Dragones hace al respecto de cada situación, aunque podemos intentar elucubrarlas en función de lo que se nos muestra del personaje. 

Situación 1: Daenerys consigue el ejército Inmaculado.

En esta escena, Daenerys decide hacer un intercambio interesante: desprenderse de uno de sus dragones a cambio del ejército Inmaculado. Al conseguirlo, el Amo con el que realiza el intercambio se queja de la resistencia del dragón, a lo que la Madre de Dragones responde con algo que el esclavista parece desconocer: los dragones no son esclavos. Tras esto, da la orden que permite al dragón quemar vivo al esclavista (uno de los pocos detalles que ocurre de manera diferente en la novela, ya que el dragón no quema el cuerpo completo del esclavista, sino sólo su cabeza). 

Me gustaría destacar en esta escena la interpretación de la actriz. La expresión de la misma es de gozo, de orgullo, de placer justiciero. Y no debemos olvidar aquí lo que está ocurriendo, y cómo reaccionaríamos la mayoría de nosotros ante ese hecho: un hombre está siendo quemado vivo. Creo que la respuesta general de cualquiera de nosotros ante ese hecho sería como mínimo de repulsa, y podría derivar hasta la tristeza, la ansiedad o el miedo con bastante facilidad. Y sin embargo, ella está disfrutando. Este tipo de reacciones van a ser de vital importancia a la hora de poder acercarnos a su personalidad. 

Hacer hincapié aquí el detalle de la diferencia con la escena del libro. Dicha escena es prácticamente igual, salvo por “cuánto” arde el esclavista, al que el dragón le quema exclusivamente la cabeza. Sin embargo, el escritor describe especialmente dicha escena, relatando como la piel cae a trozos, los ojos se derriten y desaparecen, el olor de una persona ardiendo. Realmente es una escena bastante dura. Y la reacción de Daenerys es la misma: orgullo, gozo, poder. Reacción que puede responder principalmente a dos características: bien a un sadismo que está siendo satisfecho, bien a una agresión egosintónica propia de un narcisismo maligno. 

Escena del intercambio de Drogón por los Inmaculados.

Situación 2: Daenerys Targaryen y los Amos de Meereen.

Tras la conquista de Meereen, nuestra protagonista se encuentra con una disyuntiva: mantener a los antiguos Amos con vida, como vasallos, o ajusticiarlos por su trato injusto frente a los esclavos. Su consejero y Mano, Ser Barristan Selmy, viendo la situación y habiendo vivido varios reinados infructuosos, marcados por el dolor y la sangre, aconseja a Daenerys mantener con vida a los Amos pues, según sus palabras, “a veces es mejor responder a la injusticia con clemencia”. Ante esta aseveración, Daenerys decide “responder a la justicia con justicia”. ¿Y cuál es su justicia? Clavar a los amos vivos en maderas, para dejarlos secar al sol hasta la muerte. Este es un detalle que muchos de los televidentes de la serie pasamos por alto más tarde, pues está haciendo daño a los malos, y bajo esa premisa obviamos la crueldad que supone clavar en maderos a un ser humano, para dejarlo morir al sol. Una muestra más de una agresión egosintónica.

Escena de la conquista de Meereen y ajusticiamiento de Dayenerys.

Situación 3: Comienza la conquista en Poniente.

Tras llegar a Poniente comienzan a sucederse batallas. El contar con un poderoso ejército, estrategas experimentados y el fuego de los dragones comienza a darle sus primeras victorias. Tras una de ellas, se muestra como toma como rehenes a varios miembros de la casa Tarly, junto con parte de su ejército. Ellos son Randyl Tarly, Señor de Colina Cuerno, y su hijo y heredero, Dickon Tarly. Pero Daenerys no quiere rehenes, sino vasallos, con lo que insta a sus prisioneros a que la rindan vasallaje. Sin embargo, el orgullo de los Tarly hace mella y, no reconociendola como su reina, eligen ser ejecutados.

En esta situación su ahora Mano, Tyrion Lannister, trata de convencerla para que sea indulgente, en varias ocasiones y por diferentes motivos. Sin embargo, ella ha tomado su decisión, y tiene claro que la indulgencia no es moneda con la que paga a un enemigo. Así, decide acabar con Lord Tarly y su heredero quemándolos vivos. Aquí se repite la reacción anterior: gozo, orgullo y poder. Ni que decir tiene que la reacción de su Mano es completamente diferente, pues Tyrion se ve obligado a apartar la mirada ante tan macabro espectáculo.

Escena del ajusticiamiento a los Tarly.

Situación 4: Daenerys ajusticia a su propio consejero.

Esta es una de las primeras situaciones en las que empieza a tomar decisiones en un ámbito más complejo. 

Tanto en esta situación como en la siguiente, la desconfianza e inseguridad subyacente surge hacia personas con las que tiene un vínculo cercano, emocional, al que se ve sujeta. Varys, su consejero más cercano, ha rebelado un secreto que debía permanecer oculto, traicionándola. No hay que olvidar aquí que fue Varys quien la salvó cuando sólo era una niña en La Rebelión del Rey Robert, y le procuró una vivienda segura a ella y a su hermano. Durante todo este tiempo, el consejero se ha mantenido a su lado, tratando de ayudarla en lo posible. Sin embargo, y a pesar de todo la respuesta no deja de ser similar: ante la traición que ella siente no puede dar otra contrapartida que ajusticiamiento. Daenerys se siente herida, traicionada, y el fuego es la única manera en que es capaz de gestionar dicho dolor. 

Escena del ajusticiamiento de Varys.

Situación 5: El rechazo de Jon Nieve a Daenerys Targaryen.

Aunque parezca trivial, esta situación me parece vital para lo que acontece más tarde; debo decir además que la elección de los apellidos para el título no ha sido azaroso. El bastardo y la Targaryen. Esta escena comienza (muy acertadamente) con un primer plano sobre las llamas de la hoguera que calienta la estancia. En ella, Daenerys deriva en un primer lugar en tratar de justificar ante Jon la muerte de Varys, acusando a Sansa como responsable indirecta de la misma, para después buscar en Jon el amor y la pasión que antes sentía por ella. Ante el rechazo de Jon, se abre en ella una nueva herida narcisista, en la que sentencia ante él el devenir de los acontecimientos: “miedo entonces”.

Escena del rechazo de Jon.

Nota al margen: La Herida Narcisista.

Se conoce como “herida narcisista” a una situación en la cual la persona con una problemática subyacente narcisista siente, ante una confrontación, que su ego, su orgullo, ha sido dañado de alguna manera, llevándola a una situación emocional con la que le resulta tremendamente difícil lidiar, sino desde el ego. Ésto llevaría al narcisista a acometer acciones encaminadas a reparar ese ego dañado, que normalmente tienden a ser destructivas para sí mismo o para los otros. Trabajar una respuesta emocional regulada a estados emocionales intensos, razonando ese orgullo dañado desde la transferencia sería uno de los objetivos terapéuticos en este tipo de pacientes.

Situación final: Daenerys Targaryen quema Desembarco del Rey.

Y llegamos al momento crucial, el momento en el que la moneda cae. La Herida Narcisista está abierta, se siente dolida en un maremagnum emocional que es incapaz de manejar, y que termina estallando en su explosión de ira más destructiva: quema viva, sin miramientos, a toda la población de la ciudad, gente inocente que, a sus ojos, no son nadie. Ella es el Dragón, la encarnación humana del ser mitológico, y a sus ojos el resto de mortales son hormigas. Incapaz de manejar el daño a su orgullo, se asegura de que nadie vuelva a traicionarla. 

Escena de Daenerys quemando la ciudad.

Diagnóstico final: Síndrome Narcisista Maligno.

A la luz de los acontecimientos, parece más correcto aducir su comportamiento a algo más cercano a un Síndrome Narcisista Maligno que a un Narcisista-Sádico, pues parece que los acontecimientos de agresión egosintónica están más asociados a reparar un agravio percibido que a una tendencia sádica abierta. En este sentido, nuestra protagonista no parece buscar necesariamente momentos en los que pueda resarcir una necesidad visceral de “hacer daño” o un placer sádico, sino que dichas situaciones se muestran más asociadas a reparar un agravio personal, marcado por el orgullo egosintónico. Aquí comenzaría un proceso terapéutico complejo, en el que habría que trabajar las distintas contigencias personales y contextuales asociadas a su patrón de comportamiento, aportando una serie de técnicas encaminadas a ello, siendo capaz a su vez de interpretar las propias motivaciones e interpretaciones de la paciente y la transferencia terapeuta-paciente, para poder dotar de un marco de referencia que permita ayudar a la búsqueda del insight y servir a su vez de punto de apoyo que propicie el cambio terapéutico.

Capítulo primero:

Daenerys Targaryen va al psicólogo: Parte I, anámnesis y evaluación.

Capítulo segundo:

Daenerys Targaryen va al psicólogo: Parte II, diagnóstico diferencial.

 

Referencias:

Beck, A. T. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós Ibérica.

Kernberg, O. (2014). El paciente narcisista casi intratable. Aperturas psicoanalíticas: Revista de psicoanálisis, (46), 9.

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Daenerys Targaryen va al psicólogo: Parte III

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