Entendiendo la ansiedad: Parte I

¿Qué es la ansiedad?

Conocimientos básicos para regulación de la ansiedad

La ansiedad es una de las formas que tiene nuestro organismo de decirnos que algo, algún aspecto de nuestra vida, no está funcionando como debería. En este sentido, suele aparecer en forma de mecanismo de defensa, que se da tanto ante amenazas reales como imaginadas. Así, una persona que siente ansiedad cuando habla en público vivirá dicha ansiedad tanto en esa situación concreta como en los momentos en los que tema que dicha situación va a ocurrir (ansiedad anticipatoria). Para poder gestionarla de manera adecuada, es importante entender que la ansiedad no es nuestra enemiga, pues nos prepara para responder a una situación que se percibe como amenazante. Es sólo cuando no podemos regular esta ansiedad, cuando viene de una forma excesivamente intensa, cuando se vuelve dañina. 

“Para poder gestionarla de manera adecuada, es importante entender que la ansiedad no es nuestra enemiga, pues nos prepara para responder a una situación que se percibe como amenazante. Es sólo cuando no podemos regular esta ansiedad cuando se vuelve dañina.” 

La ansiedad se encuentra relacionada con el miedo, apareciendo comúnmente la ansiedad ante la anticipación de situaciones temidas. Por ejemplo, una persona que tenga un gran miedo a engordar tenderá a tener una ansiedad alta ante los alimentos que, según ella, pueden provocar un aumento de peso. En este caso, un nivel de ansiedad alto ante un producto concreto, como puede ser el aceite o las patatas fritas, sería una respuesta exagerada, y nos estaría indicando que algo no anda bien. De esta forma, se podría llegar a plantear si realmente el miedo a engordar merece la atención e importancia que se le está dando y, como consecuencia, si es cierto que esas patatas fritas sean tan dañinas como sentimos que son. Igual ocurriría en el caso anterior, en el que se produce un aumento de la ansiedad ante la situación de hablar en público. En este caso, un pequeño aumento puede ser provechoso, provocando que estemos más atentos o que practiquemos más nuestro discurso antes de la situación temida. Sin embargo, un nivel alto de ansiedad produciría justo el efecto contrario, interfiriendo en mi preparación y estudio del discurso, e incluso pudiendo llegar a provocar un bloqueo en el momento de la actuación, propiciando que la persona con ansiedad pueda llegar a quedarse en blanco. 

“En este caso, un pequeño aumento puede ser provechoso, provocando que estemos más atentos o que practiquemos más nuestro discurso antes de la situación temida. Sin embargo, un nivel alto de ansiedad produciría justo el efecto contrario…”

Como hemos visto, sentir ansiedad puede ser un proceso provechoso o dañino, en función de lo ajustada que esté a la situación real. Puede llegar a tener utilidad, aumentando mi nivel de activación en un momento necesario, o haciendo que sea más precavido en ciertas situaciones, pero tiene también el poder de afectarnos negativamente cuando se dispara. Es importante entonces entender cómo y por qué viene, aprendiendo a regularla y a aceptarla, para llegar a manejarnos eficientemente en las situaciones en que aparezca.

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