Memoria y falsos recuerdos

Es posible que durante toda tu vida hayas considerado la memoria como algo infalible, una forma de revivir sin error, como si de una cámara de vídeo se tratara, aquellos momentos de nuestra vida que han sido relevantes. De hecho, casi con toda probabilidad habrás pronunciado alguna vez una frase del estilo «estoy seguro de que esto ocurrió así«. Sin embargo, décadas de investigación han mostrado que nuestra memoria no funciona exactamente como nosotros imaginamos.

De hecho, la memoria es dependiente de, entre otras cosas, nuestro estado de ánimo. Esto quiere decir que la forma en la que recuerdas un evento depende en parte de cómo te sientes en el momento de recordarlo. Por ejemplo, si estás alegre recordarás con más facilidad momentos alegres, y lo mismo ocurre si estás triste, recordarás con más facilidad momentos congruentes con tu estado de tristeza1. Este es uno de los motivos por los que puede ser complicado salir de una depresión sin ayuda: el estado de ánimo bajo favorece la aparición de recuerdos congruentes con dicho estado de ánimo, ayudando a mantener el problema depresivo2.

En este artículo, vamos a centrarnos en las investigaciones de una reconocida psicóloga sobre un aspecto concreto de la memoria: la creación de falsos recuerdos.

Creando falsos recuerdos

Elizabeth F. Loftus es una de las doctoras más relevantes en el campo de la psicología de la memoria. Matemática y psicóloga cognitiva, sus hallazgos han tenido una importante repercusión tanto en los campos de la psicología cognitiva y la psicología social, como en criminología y legislación. Podéis acceder a su página profesional aquí.

En uno de sus trabajos, realizado junto a su compañero Jonh C. Palmer, demostró cómo el lenguaje podía modular la forma en la que recordamos un evento. Para ello mostró a los participantes unas grabaciones de accidentes de tráfico. Tras esto, se realizó un cuestionario a los participantes, que incluía una pregunta sobre la velocidad de los automóviles accidentados. La única diferencia entre unos participantes y otros era la forma en la que estaba realizada la pregunta. Para algunos participantes, el verbo utilizado era smashed, que implica una colisión necesariamente violenta; mientras que para el resto los verbos podían ser collided, bumped, contucted, o hit, palabras cuyo significado es más neutral, y no llevan asociada una colisión violenta. Pues bien, las personas con las que se había usado el verbo smashed hicieron una estimación de la velocidad del coche más alta que aquellas con las que se había usado el resto de verbos. Aquí se aportan dos posibles explicaciones: o bien el verbo utilizado cambia la forma en la que se estima la velocidad del coche, o bien cambia el recuerdo del accidente3.

El experimento de los coches no terminaba ahí. Una semana más tarde se realizó un segundo cuestionario, en el que se incluía una pregunta sobre si habían visto en el vídeo algún cristal roto. Ni que decir tiene que no en el vídeo no aparecía ningún cristal roto. Sin embargo, algunos participantes respondieron que sí recordaban haber visto cristales rotos. Lo curioso del caso no es sólo el hecho de haber creado el falso recuerdo de los cristales rotos, sino que dicho recuerdo falso se creó con más facilidad en el grupo de aquellos a los que una semana antes se había preguntado por la velocidad usando el verbo smashed, más violento que el resto. La forma de realizar la pregunta había aumentado la probabilidad de crear un falso recuerdo una semana después3.

Sin embargo, el anterior no es el único trabajo en el que se ha estudiado la creación de falsos recuerdos. Entre otros, Loftus publica el que sería conocido como «el experimento del centro comercial». En él, la psicóloga se había propuesto crear un recuerdo falso en los participantes, referido a un evento infantil en el que se perdían en un centro comercial. Para ello, necesitó de la ayuda de algunos parientes cercanos a los participantes. En el experimento, se proporcionaba a los participantes un folleto con cuatro historias relativas a su infancia, proporcionadas por su pariente. En una de ellas se relataba como el participante se había perdido de pequeño en un centro comercial, cosa que, realmente, nunca había ocurrido. Entre una y dos semanas después, se entrevistaba a los participantes, pidiendo que dieran el mayor número de detalles de las historias que se les había proporcionado. El 25% de los participantes recordaba perfectamente haberse perdido en un centro comercial cuando era niño, aunque realmente nunca hubiera ocurrido4.

Conclusiones

La creación de falsos recuerdos puede resultar chocante, o incluso graciosa, pero puede tener consecuencias realmente serias. El caso McMartin es un claro ejemplo. En él se estudiaba la posible agresión sexual múltiple en una escuela de preescolar en EEUU. La metodología de investigación aplicada por la psicóloga que llevaba el caso llevó a crear recuerdos sobre abusos sexuales y rituales satánicos falsos en 384 niños. El acusado llegó a pasar cinco años en prisión, a la espera de un juicio en el que se demostró que dichos abusos nunca se habían dado. El acusado era inocente5,6.

Como hemos visto, el funcionamiento de la memoria dista mucho de ser como el de una cámara de vídeo. Los recuerdos se modifican, e incluso pueden ser creados, aunque nunca los hayamos vivido. En este sentido, los psicólogos debemos ser especialmente cuidadosos a la hora de explorar y trabajar con aquellas técnicas que indaguen de manera reiterativa en los recuerdos, en especial cuanto más lejanos o profundos sean estos.

 

Referencias:

  1. Ruiz-Vargas, J. M. (2000). Psicología Cognitiva de la Memoria. Barcelona, 2001, Anthropos.
  2. Vázquez C, Hervás G, Hernán Gómez L, Romero N. (2009) Modelos cognitivos de la depresión: Una síntesis y nueva propuesta basada en 30 años de investigación. Psicología conductual. 
  3. Loftus E, Palmer J. (1974) Reconstruction of Automobile Destruction : An Example of the Interaction Between Language and Memory. Journal of verbal learning and verbal behavior. Vol 13, 585-589.
  4. Loftus E. (1997). Creating Childhood Memories. Applied Cognitive Psychology.  Vol 11(7), 75-86. DOI: 10.1002/(SICI)1099-0720(199712)11:73.0.CO;2-F.
  5. Manzanero A. Falsas memorias. Blog en internet. Citado en 1 de septiembre de 2016. Disponible en: http://www.psicologiadeltestimonio.com/p/falsas-memorias.html
  6. Linder D. The McMartin Preschool Abuse Trial: A Commentary. Página en internet. Citado en 1 de septiembre de 2016. Disponible en: http://law2.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/mcmartin/mcmartinaccount.html
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