El trabajo de un cuadro depresivo es un tema complejo. En muchas situaciones, nos encontramos con que la depresión no es el problema primario, sino que ésta es consecuencia de otras problemáticas (problemas de ansiedad, de pareja, laborales…). Discernir los diferentes condicionantes que dan lugar a un problema depresivo es una de las cuestiones que aumentan su complejidad. Aún en el caso de que la depresión sea de tipo primario, como en el caso del Trastorno Depresivo Mayor, el trabajo de dicha patología sigue teniendo su idiosincrasia personal. Por ejemplo, se ha visto poco o nulo efecto del trabajo interpretativo sobre los motivos profundos que inician o mantienen un cuadro depresivo en las fases iniciales del tratamiento (Beck et al., 1979, p.80), siendo sin embargo de mucha utilidad la reestructuración de los aspectos cognitivos irracionales que mantienen la depresión a corto plazo, acompañado de trabajos específicos para superarlos (DeRubeis, R. J., Feeley, M., 1990)
Estos serían sólo unos pocos ejemplos de las cuestiones a las que nos enfrentamos los psicólogos día a día. Sin embargo, el trabajo terapéutico no tiene por qué realizarse sólo en consulta con el propio paciente, también puede ir acompañado de un trabajo de acompañamiento terapéutico en casa, por parte de familiares o amigos.
Entonces, ¿cómo trabajamos en casa con una persona que está sufriendo un episodio depresivo? ¿cómo podemos acompañar a esta persona en su día a día, para ayudarla a mejorar?
Acompañamiento terapéutico
Se conoce como acompañamiento terapéutico, o trabajo de co-terapeuta, al acompañamiento realizado por personas cercanas al paciente, normalmente familiares o amigos cercanos que, siguiendo unas indicaciones específicas, contribuyen a mejorar el estado de ánimo del paciente y a acortar su proceso terapéutico. Algunas de esas indicaciones podrían resumirse en:
1º Pide pautas a su psicólogo/a: Parece una obviedad, pero es algo que muchas veces se pasa por alto. En ciertos procesos terapéuticos es recomendable que el profesional mantenga contacto directo con las personas allegadas al paciente, llegando a ser completamente necesario en algunos de ellos. Con ese contacto, podrás resolver muchas de tus dudas sobre cómo actuar en ciertas situaciones, manteniendo siempre la completa privacidad de la vida personal del paciente por parte del terapeuta.
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2º Da tu apoyo: Aunque podáis encontraros en una situación en la que no podemos hacer que su malestar desaparezca de forma instantánea, podemos hacerle sentir que estamos ahí, que vamos a acompañarle durante el proceso de recuperación, y que vamos a apoyarle en aquello que necesite.
3º Valida emocionalmente: La validación emocional es uno de los puntos clave del acompañamiento terapéutico. En este sentido, es importante diferenciar un proceso de validación emocional de uno de justificación del malestar, ya que hay muchas situaciones en las que, por miedo a reforzar o justificar las ideas negativistas del paciente, no hacemos ni una cosa ni la otra. El mensaje general sería: es posible que estés viendo las cosas más difíciles o más tristes de lo que en realidad son, pero entiendo que esa visión te haga sentir así de mal. Por supuesto, podemos adaptar ese mensaje a las circunstancias o la forma de hablar de cada uno, siempre que no pierda la esencia. De esta manera tenemos la oportunidad de apoyar y validar emocionalmente a nuestro familiar sin dar el mensaje de que estamos de acuerdo en su visión catastrofista del mundo.
4º Cambio de foco: En aquellos cuadros que se caracterizan por cursar con un estado de ánimo bajo, es común que la persona se enfrasque en una serie de pensamientos negativos catastrofístas, siéndole difícil en ocasiones salir de ese bucle. En dichas situaciones, puede ser útil realizar un cambio de conversación, pudiendo hablar de cosas que estén alejadas de su pensamiento catastrofista. De esta manera, comentar como ha ido el día, alguna anécdota del trabajo, o pasar a hablar de cine o música puede ser de utilidad para sacar a esa persona de su bucle negativista. En muchas ocasiones es más útil cambiar el foco que intentar enfrascarnos en razonar.
5º Activación conductual: Aquí entraría todo el trabajo de acompañamiento que implica movimiento. Una de las características particulares de una bajada pronunciada de estado de ánimo es que va acompañada de una disminución de la activación, disminuyendo también con ello cualquier deseo de salir o realizar actividades cotidianas, de una falta de motivación. En este sentido, suele ser de mucha utilidad el poder acompañar o motivar a la persona a que realice cualquier tipo de tarea, incluso las más cotidianas. Salir a dar un paseo o tomar un café, realizar actividad física, ir al monte o a la playa, coordinar y realizar las tareas de orden y limpieza del hogar… son ejemplos de las muchas maneras en las que podemos ayudar a reactivar a una persona. Veámoslo de este modo, si alguien se queda parado sin hacer nada, entonces no recibe ningún tipo de refuerzo, no recibe gratificación alguna, lo que contribuye al mantenimiento de un estado de ánimo bajo. En sentido contrario, el poder poco a poco recuperar un ritmo de vida normal, favorece el tener momentos que nos saquen de esa falta de activación, y nos ayuda a mejorar tanto la motivación como el estado de ánimo (Barraca, J., 2009).
Como vemos, hay una serie de tareas sencillas que podemos empezar a llevar a cabo, poco a poco, para ayudar a esa persona que está pasando por una situación de bajada de estado de ánimo. Aquí será el trabajo paciente, realizado día a día, el que contribuirá a acompañar y apoyar su proceso de mejora anímica.
Referencias
Barraca, J. (2009). La Activación Conductual (AC) y la Terapia de Activación Conductual para la Depresión (TACD): Dos protocolos de tratamiento desde el modelo de la activación conductual.
Beck, A.T. (Ed.). (1979). Cognitive therapy of depression. Guilford press, 80.
DeRubeis, R. J., & Feeley, M. (1990). Determinants of change in cognitive therapy for depression. Cognitive therapy and research, 14, 469-482.





