A estas alturas, parece que podemos decir que hemos vuelto a la normalidad pre-Covid. La vida sigue, las mascarillas no son obligatorias en casi ningún lugar, puedes salir de casa cuando quieras, y si te contagias de Covid lo más probable es que no sea mucho peor que una gripe. A estas alturas, el confinamiento queda en el recuerdo, todos podemos recordar lo ocurrido en la pandemia, y cómo, en esos momentos de tensión e incertidumbre, nos decíamos a nosotros mismos que “de ésta saldremos mejores”.
Nos lo decíamos, pero no era verdad.
El que se enfadaba por cualquier cosa lo sigue haciendo, la que tenía ansiedad, tiene ansiedad, y no vemos a los que no se preocupaban por el medio ambiente en 2019 comprándose un coche eléctrico en 2022. La gente no ha cambiado, y si lo ha hecho ha sido, en general, por motivos completamente ajenos a la pandemia.
Y ES UNA SUERTE.
Es una suerte enorme, de hecho, que el que una persona cambie no dependa de ningún hecho planetario, de ninguna catástrofe mundial. No hace falta un apocalipsis para que podamos mejorar. Y es que el cambio, el que podamos ser mejores personas, nace de una voluntad, de un propósito, del anhelo de poder vivir mejor con nosotros mismos y con los que nos rodean. Y eso lo podemos hacer cada día de nuestra vida, sin necesidad de pandemias.
Pablo Robles – Psicólogo
644547007





