“Pues yo cuando me ocurre eso, lo que hago es ponerme a limpiar. Me pongo a hacer las cosas de la casa y cuando me vengo a dar cuenta los nervios han bajado…”
“A mí me viene muy bien escuchar música. La pongo y la escucho un rato, y luego la dejo sonando de fondo…”
“La semana pasada tuve una situación parecida, pero me salí a dar una vuelta y me vino bien para relajarme…”
El papel de la atención
Seguro que todos hemos oído (o nos han ocurrido) historias de este tipo, en la que cuando hablamos de nuestros nervios no pueden evitar contarnos como se enfrentan (y solucionan heróicamente) este tipo de situaciones. O situaciones similares, porque aunque parecidas, es muy difícil que realmente sea la misma situación, o que el resto de personas vayan a responder exactamente igual que nosotros. ¿Y qué tienen en común todas estas situaciones? Básicamente, en todas ellas se introducen estímulos en los que centrar nuestra atención ajenos a aquel que nos está generando ansiedad, dejando aquello que nos preocupa a un lado. Este tipo de comportamientos pueden permitirnos despejarnos y dejar a un lado nuestro problema, permitiendo que nuestros nervios se regulen y disminuyan en un segundo plano mientras nos damos un tiempo para respirar, para pensar en otra cosa o, simplemente, no pensar en nada. El ejemplo clásico de salir a fumar es perfecto en este sentido pues, aunque la nicotina sea un excitador del sistema nervioso, el salir a fumar puede llegar a relajarnos. Y esto ocurre por dos motivos: el primero, el tabaco calma la ansiedad que la propia nicotina te genera. Por ello crea adicción, primero te genera una necesidad de nicotina, y luego te hace sentir mal si no la consumes. El segundo punto es que cuando sales a fumar, SALES a fumar. No, más allá de el calmar la ansiedad que el propio tabaco te genera, fumar no te relaja, no calma los ánimos ni baja tu enfado. Salir de la situación que te pone nervioso, te da ansiedad, salir de la situación que te cabrea y darte un tiempo es lo que te relaja, te calma los ánimos o ayuda a bajar tu enfado. Y es por esto que, llegados a cierto punto, las técnicas de focalización de la atención pueden llegar a ser tan útiles.
En este sentido, podemos realizar diferentes estrategias destinadas a focalizar la atención, desde meditación o deporte, hasta limpieza o ganchillo. Obviamente, cada una de ellas será más o menos adecuada en función de la personalidad, la historia de aprendizaje y el contexto de cada uno de nosotros, siendo recomendable en un primer momento estudiar cuáles han sido las que hemos usado durante nuestra vida de manera natural, y buscando un profesional cualificado si queremos aprender o desarrollar esas u otras técnicas de manejo y regulación atencional.





